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-EDICION Nº 135 16.04.2008

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-EDITORIAL

El cambio ¿es de fondo?

Rúben S. Rodríguez
rsr@rt-a.com

Otra vez sopa! La renuncia reciente del interventor del COMFER y la designación de su reemplazante abrieron en el espectro radiofónico un escenario harto conocido, harto padecido, harto repetido pero nunca superado. Cual si se tratara del mito de Sísifo -ese personaje de la mitología griega condenado a empujar una piedra hasta la cima de una colina y cada vez que está a punto de alcanzar el objetivo la piedra se desbarranca y debe recomenzar la tarea- la dimisión de Julio Bárbaro reabrió todos los frentes.
No se trata de reivindicar exageradamente lo actuado hasta aquí. Ni por la gestión de Bárbaro, ni por ninguna de las anteriores. Porque más allá de las buenas intenciones e incluso buenos proyectos, lo cierto es que por alguna razón muchas de esas iniciativas no se vio concretada.
Típica actitud gatopardista de simular que todo va a cambiar, fingir una estética de cambio y, finalmente, dejar todo tal como estaba (aunque con una pátina de maquillaje que incluye hilos de platino), cuando ya pasó un tercio de 2008 y sigue vigente la vieja ley 22.285, la vieja normativa sancionada por la dictadura hace tres décadas.
¿Cabe alguna duda de que la sociedad argentina cambió, y mucho, en los últimos 30 años? En ese contexto de cambios, ¿a alguien se le escapa que los medios de comunicación experimentaron el cambio más vertiginoso? Términos como “teletipo”, “radiofoto”, “telefoto”, “vía satélite”, “estación terrena de Balcarce”,”la maquina de mirar”, parecen escapadas de la prehistoria. Y sin embargo eran la avanzada, la tecnología de punta de los medios de comunicación hace 30 años, cuando un gobierno ilegítimo sancionó una ley para regular el espectro radiofónico.
Hoy estamos hablando de comunicación en términos de velocidad de transmisión de datos, y la carrera acorta distancias con tal desparpajo que ya no parece imposible -aunque materialmente lo siga siendo- que una persona esté en dos lugares al mismo tiempo. La experiencia de brindar una conferencia mediante un holograma permite hoy estar en dos sitios simultáneamente. Es la era virtual. La “aldea global” de la que hablaba el viejo profesor Marshall McLuhan, acaso el mayor visionario del Siglo XX en materia de comunicación.
Ante este escenario, la Argentina mantiene vigente la ley 22.285 que, aunque modificada hasta el hartazgo, sigue estando firmada por Videla. La realidad impone su pulso y el despropósito cae por su propio peso. En consecuencia, mientras no hay nueva ley de radiodifusión, todos violan la vieja norma-. Es una práctica común, frecuente y, en algunos casos, hasta necesaria.
Los medios atraviesan una crisis de tal magnitud, que la sociedad les suele encontrar roles que no le corresponden. Y con posturas extremas, además: o son los fiscales y jueces, encargados de poner Justicia donde la señora de los ojos vendados no llega, o son los culpables de todos los males, los demonios que intentan ajar la imagen de un gobierno, de una corporación, de un club o de una actividad.
Es tan funesto que el gobierno cree un “observatorio” de medios y que sus principales espadas hostilicen a periodistas y dibujantes, como que los propios medios se erijan en la voz de la conciencia colectiva y capitalicen desde la protesta por la soja hasta los cacerolazos en Plaza de Mayo, desde la indignación por los garabatos del INDEC hasta la furia por las sanciones leves que padecen los barras bravas por sus tropelías en los estadios de fútbol.
Los medios deben ser los garantes de una sociedad libre e informada. En modo alguno su función puede ser reemplazada por el sonido de las cacerolas o los mensajes de texto. Ni acallados por la voluntad de un funcionario disgustado con el cartero. La pluralidad en la obtención de licencias es fundamental.
Pero para que eso sea posible es necesario -lo repetiremos hasta el cansancio- una política de Estado. Que esté más allá del funcionario de turno, del gobierno de turno, de la ideología de turno.
Mientras eso no ocurra, seguiremos asistiendo impávidos al cambio de funcionarios. Y el paso del tiempo nos pasará por arriba. El tren de las comunicaciones nos arrollará. Y quedaremos impávidos ante la noticia que un país centro africano tiene televisión móvil y alta definición mientras nosotros discutimos la necesidad de una nueva ley.